lunes, 10 de noviembre de 2008

20 de diciembre

Meto la mano en la tierra;
los dedos en
su humedad obscena.

Si pudiera vivir dentro de la tierra
como hacen los gusanos
respirando la pudrición de los cadáveres
estaría un poco muerta.
Aún ahora
soy una muerta potencial
y adivino mi fatalidad sin desazón.

Yacer con las manos sobre el pecho,
con los ojos cerrados
rodeada de la pesadez de la tierra,
de su carnalidad sospechosa.

La tierra que se mete por mis orificios
porque dentro de la tierra no se respira
ni se habla
ni se piensa;
es más bien una fuerza autoritaria
que persigue la unión con
lo que es suyo.

Ergo
dentro de la tierra yo soy tierra
la tierra que tengo dentro es
yo.
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