viernes, 27 de enero de 2006

5 de agosto

Me convierto para ti
en un país extraño
que recorrer con brújula.
Livingstone, supongo

Me convierto para ti
en colinas y montes,
en estepas desiertas;
soy la tierra y sus frutos.
Tú excavas mis orificios
como un trabajador de lo profundo
y extraes cuanto de mí
pudo haber de valioso.

Sólo para ti me convierto
en una geografía indescifrable
mientras, peregrino,
me recorres
y creas mapas imaginarios.
Sediento, bebes en mis fuentes
y me secas;
Es por ti que me esfuerzo
en ser fértil
y dar vida a
mis manantiales.


Sólo tú sabes leerme
el futuro en las palmas
como hacen las gitanas.
Para que nunca te aburras
cambio las líneas
cada noche
y sólo por ti
quedo huérfana de destino.

domingo, 15 de enero de 2006

Acto primero

Galopo el páramo de tus huesos.
Me río en la extrañeza
de este cuarto que
sólo nos conoce
el pellejo
y las lecturas
-fumo tu esencia, ávida
a grandes bocanadas.

El Cid cabalga.

A la gente se le ocurren oblicuas
perversiones
a veces.
Tú y yo
hemos inventado un mundo
de inocentes
donde aspirar a conocer
sin pecado.

El Cid cabalga.

Mis dedos en tus dedos
Como una prolongación
antinatura.
mis dedos en tus labios;
moldeo tus palabras
que se vierten, calientes,
en mis manos
y son como de arcilla.

El Cid cabalga.

No existe nada más para nosotros.
estamos muertos en vida.
El aire enrarecido
nos responde
con música y con ideas.
Es el fin de un principio;
yaceremos, cadáveres exquisitos, abrazados y felices.

Polvo, sudor y hierro, el Cid cabalga.
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