domingo, 15 de enero de 2006

Acto primero

Galopo el páramo de tus huesos.
Me río en la extrañeza
de este cuarto que
sólo nos conoce
el pellejo
y las lecturas
-fumo tu esencia, ávida
a grandes bocanadas.

El Cid cabalga.

A la gente se le ocurren oblicuas
perversiones
a veces.
Tú y yo
hemos inventado un mundo
de inocentes
donde aspirar a conocer
sin pecado.

El Cid cabalga.

Mis dedos en tus dedos
Como una prolongación
antinatura.
mis dedos en tus labios;
moldeo tus palabras
que se vierten, calientes,
en mis manos
y son como de arcilla.

El Cid cabalga.

No existe nada más para nosotros.
estamos muertos en vida.
El aire enrarecido
nos responde
con música y con ideas.
Es el fin de un principio;
yaceremos, cadáveres exquisitos, abrazados y felices.

Polvo, sudor y hierro, el Cid cabalga.
Se ha producido un error en este gadget.